Cristina Valido

Opinión. Jugar con el tiempo de nuestros mayores

Cristina Valido.-

Mientras escuchamos los anuncios de vuelta a la normalidad que justifican, entre otras cosas, el despido de miles de personas que con motivo de la pandemia se incorporaron a nuestros centros educativos y que hoy parece que ya no son necesarios, observamos la apertura de hostelería, restauración, vuelta de público a estadios y conciertos, discotecas, viajes, y un largo etcétera, el único espacio que tienen los mayores, los centros de atención diurna de la Comunidad Autónoma, siguen con las puertas cerradas.

Teniendo en cuenta que hablamos de un sector de la población que está vacunada, de centros donde la prevención y la distancia es perfectamente controlable, no es admisible que aún no cuenten con los protocolos y los permisos necesarios para su vuelta al funcionamiento ordinario. Pero aún es más difícil de entender que la misma tipología de centros titularidad de Cabildos y Ayuntamientos lleven meses atendiendo a usuarios y usuarias, prestándoles los servicios que necesitan.

Ante esta queja, la respuesta de la consejera Noemí Santana ha sido que «se trata de salvar vidas», dando a entender que esa preocupación  no la tienen Ayuntamientos, ni Cabildos, ni su propio Gobierno que flexibiliza medidas y horarios, que autoriza lugares con mayor riesgo de contagio aunque sea con aforo reducido, y que nos invita a viajar al tiempo que presume de una vacunación finiquitada a nuestros mayores y ampliamente extendida a otros sectores de edad.

La falta de empatía y sensibilidad con personas que han permanecido en el encierro, y muchas en soledad, durante más de un año, es escandalosa. Muchos de ellos han sufrido un retroceso importante ante la falta de continuidad de sus actividades de estimulación cognitiva, físicas y terapéuticas, sin olvidar el impacto que en su salud mental ha supuesto el miedo al virus y la pérdida de seres queridos.

En el caso de Valverde, en el Hierro se trata del único centro de la isla, no hay otras opciones para su atención diurna, una isla prácticamente libre de Covid y vacunada que no entiende, como no lo hago yo, que sus mayores sigan en casa un año y medio después. Algo parecido ocurre en Arrecife y en otras islas en las que estos centros ofrecen servicios para los que no tienen alternativa.

La falta de empatía y sensibilidad con personas que han permanecido en el encierro, y muchas en soledad, durante más de un año, es escandalosa

Alguien dijo que el silencio no es rentable, sin duda la paciencia y la comprensión de nuestros mayores les juega en contra. Lo hemos visto, con empresarios de todo tipo; restauración, gimnasios, etc. Ellos sí se han manifestado, organizando caravanas que han tenido respuestas, no solo en la flexibilización de medidas sino de ayudas económicas para el mantenimiento de sus iniciativas empresariales. En el caso de estos centros, sus usuarios han sido más que pacientes, tranquilos, confiados y comprensivos, pero ya no hay excusa que convenza a nadie, ni las excusas para permanecer cerrados, ni las nulas acciones para abrir aunque sea con restricciones de aforo, incluso horarios, durante tantos meses en los que otros sí que han funcionado.

El daño es irreversible, continuando con el desasosiego e inquietud que merman las fuerzas y el optimismo de los que no tienen tiempo que perder, aquellos que entienden como nadie el valor de cada día no vivido.  Jugar con el tiempo de nuestros mayores es cruel. Inventar excusas para ocultar la incompetencia gestora ante ellos es abuso de poder.

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