Opinión. Claúsula suelo y la necesidad de humanizar las relaciones bancarias

Socorro Beato.-

Comienza un nuevo año y desde esta ventana de opinión que me brinda el periódico El Día quisiera felicitarles y desearles un Feliz Año Nuevo. Que 2017 sea bueno para nuestra tierra, que se den las circunstancias que nos permitan dar pasos firmes hacia la recuperación económica y que ésta llegue de verdad a cada familia canaria, a cada rincón de cada casa.

La vivienda, el hogar de cada uno de nosotros es, sin duda, uno de los mayores quebraderos de cabeza de muchas familias cuando los problemas económicos se suceden y se dan dificultades para afrontar el pago de la hipoteca a través de una entidad bancaria.

Hoy por hoy es imposible en nuestra vida cotidiana prescindir de los bancos. Con ellos tenemos nuestra cuenta, la tarjeta de crédito o de débito y la mayoría de los ciudadanos firmamos el contrato más importante de nuestra vida con una entidad bancaria cuando contratamos un préstamo hipotecario para la compra de nuestra vivienda.

Poca gente entiende la información que nos dan o cómo operan con nuestro dinero. Los términos económico-financieros (en algunos casos con una redacción abigarrada, ambigua, enrevesada e ininteligible por un ciudadano medio) dan pie al desconocimiento y son el mejor caldo de cultivo para las prácticas abusivas: las comisiones y gastos indebidos, las cláusulas suelo y techo poco transparentes, los redondeos al alza, la manipulación del Euribor, las comisiones por reclamación de posiciones deudoras, los intereses de demora abusivos, la asunción de costas, la renuncia al fuero propio, etc.

Una cláusula es abusiva si existe una situación de inferioridad del consumidor en cuanto a su capacidad de negociación y al nivel de información. Esa falta de reciprocidad da lugar a la imposición de condiciones a veces desproporcionadas, abocando al consumidor a adherirse a unas condiciones redactadas de antemano sin poder influir en su contenido.

El pasado diciembre, las familias recibían una buena noticia al darse a conocer la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que, aplicando la Directiva 93/13/CEE del Consejo, sobre cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores, reconoce la retroactividad total de la devolución íntegra de lo abonado en razón de la cláusula suelo desde el inicio de la relación crediticia, contraviniendo la doctrina del Tribunal Supremo en sentencia de mayo de 2013.

Como consecuencia de la aplicación de la cláusula suelo, muchos titulares de hipotecas no han podido beneficiarse de las bajadas del Euribor pero esta sentencia ha abierto la esperanza a recuperar lo abonado por dicha cláusula.

Aún es pronto para predecir los efectos de la sentencia en el sistema financiero y cómo puede afectar a los créditos en el futuro. Hay otras incógnitas como si será posible su aplicación a los autónomos y a las pymes, y si serán considerados como “consumidores”, o qué ocurrirá con las demandas judiciales anteriores que tenga la condición de cosa juzgada y hayan adquirido firmeza. Pero la principal incógnita que se deberá despejar será el procedimiento para la recuperación de las cantidades.

En principio, y sobre el papel, habrán de ser los tribunales españoles los que analicen caso por caso y resuelvan sentencia a sentencia; no obstante, el Gobierno de España ha anunciado la intención de aprobar un Código de Buenas Prácticas para facilitar la reclamación a los bancos, que hasta el momento no ha podido ser aprobado por falta de acuerdo entre las distintas fuerzas políticas.

Lo deseable es que el consenso sea posible y permita articular una solución extrajudicial, rápida, universal y gratuita para que los afectados puedan recuperar su dinero sin necesidad de acudir a los tribunales, evitándoles pérdidas de tiempo y gastos innecesarios.

La sentencia del Tribunal Europeo es el fruto de los años de lucha, de la perseverancia y de la fuerza colectiva de las asociaciones de consumidores. Este esfuerzo ha de llevarnos a la reflexión sobre la necesidad de una mayor transparencia, cercanía y sensibilidad, para  recuperar la bilateralidad y la confianza  y “humanizar” las relaciones entre clientes y bancos: porque forman parte de la vida cotidiana de cada uno de nosotros y en ellas se sustentan nuestros principales proyectos vitales.

 

(Foto de Cinco Días)

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