Pacto de Estado

Opinión. Pacto de Estado contra la violencia de género

Socorro Beato.-

La violencia de género es una de las mayores lacras sociales y, por tanto, uno de los grandes retos a afrontar colectivamente.

Recientemente, el Pleno del Congreso de los Diputados, con la abstención de PODEMOS, aprobó el Pacto de Estado en materia de violencia de género, después de un trabajo en una Subcomisión ad hoc , dentro de la Comisión de Igualdad del Congreso; y una Ponencia en el Senado sobre “Elaboración de estrategias contra la violencia de género”.

Tenemos que felicitarnos por este logro colectivo, inédito hasta ahora, sin dejar de reconocer que queda mucho trabajo que hacer.

El Pacto es positivo como primer paso en un largo camino que hay que transitar hacia la igualdad real de hombres y mujeres, consensuando más de 200 medidas, con un presupuesto de 1.000 millones de euros en los próximos cinco años.

La violencia de género continúa enraizada en la sociedad. Es preocupante el número de víctimas mortales y agresiones a los que lamentablemente se suman los casos que no se denuncian: violencia soterrada que las mujeres no se atreven ni siquiera a contar, la incidencia de los micromachismos o los estereotipos machistas.

Estos estereotipos y hábitos culturales son aceptados por las propias mujeres, que nos sometemos a los dictados de lo que se supone políticamente correcto y adecuado a nuestro género. Paralelamente se está produciendo una involución con el control y el acoso a la pareja que aflora entre los jóvenes, agravada por el uso indebido de las redes sociales.

Por todo ello, era necesario este Pacto para reforzar la conciencia social sobre un problema que es la punta del iceberg, la expresión más cruenta de la discriminación y las desigualdades entre hombres y mujeres.

Quizá no sea el Pacto que nos gustaría a cada uno. Con toda seguridad faltan por reflejar bastantes medidas. Pero sí es el Pacto que concreta lo mucho que nos une en esta lucha.

Pone el énfasis en la educación con perspectiva de género con la prevención de la violencia de género, para fomentar el respeto desde la coeducación y la igualdad efectiva.

Mejora la interconexión de los sistemas de información entre administraciones para disponer de más elementos en la valoración del riesgo y la prevención

Aplaudimos el refuerzo de los protocolos en atención primaria y urgencias para la detección temprana, desde las primeras señales de alarma; y reconocemos los avances sobre la doble discriminación que sufren mujeres mayores de 65 años, las del mundo rural y con discapacidad/diversidad funcional que son más vulnerables para defenderse del agresor, y con mayores dificultades para identificar, expresar y denunciar el maltrato.

No obstante aún hay aspectos que requieren consensos.

El Pacto no aborda la adaptación de la legislación española al Convenio de Estambul y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer para adecuar el concepto de violencia de género a la regulación internacional.

Algo que sí hemos hecho en el Parlamento de Canarias con la legislación canaria, adaptada ya al Convenio de Estambul. Una de las muchas medidas en la que tenemos un camino andado y que ya se vienen aplicando en las islas.

El Pacto puede hacer algo más en la protección de las víctimas desde el ámbito penal para sumar a las medidas de suspensión del régimen de visitas de los maltratadores y la atribución al agresor, condenado por violencia machista, de la guardia, régimen de visitas y custodia exclusiva o compartida.

Felicitamos a las asociaciones de mujeres, las ONGs y el movimiento feminista que no han dejado de luchar para visibilizar el problema y que se tratara, de una vez por todas, como un asunto de Estado.

Esta lucha nos compromete a poderes públicos, partidos políticos y sociedad en su conjunto. Por el respeto que le debemos a las víctimas y a sus familias, a las que trasladamos nuestro más sincero afecto, cariño y reconocimiento.

Cada día estamos más concienciados con los asesinatos o lesiones graves pero hace falta mayor concienciación con otras formas de violencia, algo a lo que puede contribuir este Pacto, sumando a agentes políticos, económicos y a la sociedad civil.

 

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