Opinión

Opinión. Se prescribe alegría

Cristina Valido.-

Motivos para la alegría es lo que necesitamos ahora, emociones que nos ayuden a combatir los efectos del virus en nuestro estado de ánimo, algo tan importante como la esperada vacuna , esperanza e ilusión que en dosis adecuadas impidan a millones de ciudadanos sumergirse en una peligrosa depresión que todo lo destruya.

El apoyo psicológico es fundamental en este momento, y quienes lo necesiten no han de perder tiempo en solicitarlo, debemos entender que esta es una enfermedad de terribles consecuencias para quienes la padecen y quienes les rodean. La angustia y el cambio de comportamientos o la aparición de conductas agresivas tienen además un impacto en la infancia de difícil recuperación posterior. Detrás de la puerta que cierra cada hogar conviven esperanzas, miedos y tristezas que se han potenciado durante este duro periodo de confinamiento, pero la vuelta a la actividad no va a ser menos dura.

Aunque la sensación de recuperación de la libertad de movimientos no amortigüe las incertidumbres con las que hemos de vivir ya de forma permanente , y debamos mantener todas las cautelas posibles para no volver a los peores tiempos, también toca inyectarnos pequeñas alegrías en desayuno , almuerzo y cena, compartirlas y contagiarlas. Porque somos capaces de contagiar la alegría a todo nuestro entorno más rápido que el propio Covid. Necesitamos ese salvavidas para seguir a flote , no hay otra forma de vivir.

Hemos entendido que nada está garantizado, que todo cambia en un minuto, pero también que lo único importante es no perder a nadie transitando la tormenta, que por mal que podamos sentirnos siempre hay un motivo para sentirse afortunado de seguir en el camino, camino en el que tarde o temprano saldrá de nuevo el sol y para entonces no querremos echar a nadie de menos.

Las cosas no son como queremos que sean, son como son. Toca aprender que hay que adaptarse a un mundo globalizado, hiperconectado, cambiante, y escaso en certezas. Toca aprender que el mundo no cambia para nosotros , que somos nosotros los que debemos cambiar, que sobrevive el que mejor se adapta al cambio, como Darwin nos enseñó hace mucho tiempo.

En el confinamiento nos hemos protegido colectivamente de la enfermedad, hemos probado que ante la trágica pérdida de seres humanos estamos todos unidos, que podemos combatir cualquier cosa, que somos capaces de la solidaridad y la ayuda mutua más increíble, que entre nosotros tenemos muchos más héroes y heroínas de los que pensábamos, que el altruismo no es cosa del pasado y que no queremos estar solos, aunque solo podamos vernos en nuestras ventanas, necesitamos vernos.

Nos necesitamos aquí, porque solo una vida no nos da siquiera para cumplir algunos de nuestros sueños, y porque el sueño de millones de personas no es otro que recuperar la alegría, la alegría de vivir.

Me alegra y contagia la ilusión con la que tantos emprendedores están volviendo a ejercer su actividad, la sonrisa de quienes quienes vuelven a atender a sus clientes esforzándose por cumplir todas las precauciones sanitarias, me alegra la enorme actividad deportiva desarrollada en los últimos tiempos por población de todas las edades y como esta influye en nuestra salud física y mental. Me alegran los reencuentros emocionantes de abuelas y nietos que en algunos casos no habían visto desde su nacimiento en pleno periodo de confinamiento , me alegra el descanso que hemos dado a la naturaleza y como tantas especies lo han agradecido haciéndose presentes en lugares impensables, el tiempo compartido en familia, la capacidad de reencontrarse en la intimidad de quienes ya no compartían nada. Hay tantas cosas que deben alegrarnos. Hacer una lista de ellas y recordarlas se convertirá en energía para los retos que vienen y nos permitirán alcanzar la cima, con el esfuerzo de los buenos escaladores y también con la satisfacción que los mismos sienten al llegar a la cumbre.

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