Mario Cabrera

Atenienses, bonapartistas y el ‘mantra tripleparitario’

Mario Cabrera.-

Agradezco la contestación que han escrito en representación de ‘Demócratas por el cambio’ sobre una opinión que expuse hace unos días bajo el título de ‘El mantra tripleparitario’.

Por supuesto que no voy a valorar su consideración con respecto a que mi tiempo ha pasado. Yo respeto los tiempos de todo el mundo y también sus ideas, aunque discrepe.

Lamento que el portavoz de ‘Demócratas para el cambio’ no entrara en el fondo de la cuestión que pretendía exponer en mi artículo: cualquier partido político puede optar a los votos en cualquier isla periférica, pero para tener éxito debe adaptar sus propuestas a las necesidades y demandas de sus vecinos. No cambiar las reglas de juego.

Quizás no me expliqué con suficiente claridad.

Con respecto a sus alusiones a mis referencias a las redes sociales y al uso de ‘atriles capitalinos’ para dirigir embestidas, que yo señalaba en el ‘mantra tripleparitario’, sólo puedo decir que sí. Efectivamente.  El artículo que escriben en nombre de ‘Demócratas para el Cambio’ es un magnífico ejemplo de esta forma de actuar. Si por defender que las islas no capitalinas tienen derecho al mismo peso representativo en el Parlamento de Canarias que las capitalinas hay que aguantar embestidas de este tipo, aquí estoy.

Sobre mi interpretación de la democracia, que el escribidor de ‘Demócratas para el cambio’ también parece haber decidido en mi nombre, sólo pedir perdón si algo le molesta: defiendo que no podemos renunciar a una participación en la actividad parlamentaria de Canarias que en su momento se consensuó entre todos y que, de otra forma, representaría un paso atrás histórico para estas islas y sus sociedades.

¿Qué a ‘Democratas para el cambio’ no le gusta que proponga romper la paridad interprovincial y entre las dos capitales? Claro. No esperaba menos. Si yo pretendiera interpretar el trasfondo de su escrito como hace su portavoz con el mío, diría que “quedaron retratados”, o que “ahí les duele”. Pero no.

Sólo un añadido más como humilde aficionado a la historia.

Permítame que no acepte su ofrecimiento (el del escribidor de ‘Demócratas para el cambio’). No quiero dar pasos atrás en la historia como el que usted propone para volver a los orígenes de la democracia griega. Afortunadamente, la participación en la vida política ya no está limitada a los ‘ciudadanos’ atenienses. Ahora ya no hay ni esclavos, ni metecos marginados, ni mujeres a las que los hombres impidan votar. Por cierto, el concepto de ciudad-estado sí que me parece interesante.

¿Y qué decir de la ruta hacia 1789 que me propone para reconducir mi “extraviado camino”?

Quizás ahí resida precisamente parte del problema: en las secuelas de la relación del liberalismo con su modelo territorial. En el centralismo Borbón, pero sobre todo bonapartista. En la provincia como estructura de organización administrativa impuesta artificialmente sobre las personas, las culturas y los territorios.

En fin. Me hubiera gustado agradecer su opinión al redactor del escrito, pero si desde ‘Demócratas para el cambio’ son tan amables, por favor háganselo llegar. Y si están interesados en seguir dialogando, estoy a su disposición.

 

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