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Opinión. Nuestras razas autóctonas: una herencia que hay que proteger

Guadalupe González Taño.-

Hace unos días, la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias aprobaba el uso del sello “100%”  Raza Autóctona” para la carne de vacuno palmera. Es el primer sello que se concede a una raza ganadera canaria, en este caso a la Asociación de Criadores de Ganado Vacuno Selecto de Raza Palmera.

El bovino palmero se suma a otras 39 razas ganaderas autoctonas españolas de fomento o en peligro de extinción, que ya cuentan con dicho sello y es un primer paso para que otros productos canarios de este tipo se sumen también a este logotipo.

Canarias es la Comunidad Autónoma  con mayor número de razas ganaderas autóctonas en relación con su territorio. A la vaca palmera se une la canaria, las razas de cabra tinerfeña, palmera y majorera, tres razas de oveja, el cochino negro canario, el burro majorero y el camello canario; así como la abeja negra canaria y tres razas de perros: el majorero, el perro de presa canario y el pastor garafiano.

De ellas, las razas autóctonas de cabras se encuentran entre las razas de fomento, o sea, aquellas que no corren ya ningún riesgo y están perfectamente consolidadas, mientras que las restantes están todavía en la categoría de razas en peligro de extinción.

En la categoría de razas en proceso de recuperación tenemos el perro lobito herreño, el ratonero palmero y el ratonero canario, así como las razas de gallinas, que son varias.

Gracias al trabajo de nuestros agricultores y ganaderos, así como el de muchos pioneros, se ha logrado que estas razas lleguen a nuestros días, cuando en muchos casos, la razón por la que surgieron o se mantuvieron estas razas, ya no existe.

En este camino han jugado, y juegan un papel fundamental, las Asociaciones de Defensa y de Criadores de estas razas, que al principio en solitario, y luego con el acompañamiento de las Administraciones, han sido el pilar fundamental de esta lucha.

La especialización cárnica o lechera de las vacas, el uso de los medios mecánicos que han sustituido a los burros o los camellos en nuestras Islas, han puesto en peligro esta rica herencia cultural y genética que tenemos entre todos que ayudar a mantener.

Como acción de contraste, hay que hacer la ganadería viable, mediante la legalización de las explotaciones y la rebaja de precios de los insumos, sobre todo en estos tiempos de escasez de agua. La Ley del Suelo y el Plan Forrajero son medidas adoptadas por el Gobierno de Canarias que esperamos que ayuden en esos dos objetivos.

El relevo generacional es también fundamental. La ganadería es el ámbito donde más incorporación de jóvenes se está produciendo, pero hay que intensificar las medidas para que continúe el proceso

Los productos obtenidos de estas razas, de alta calidad, y con su propio sello, deben entrar en la mesa de nuestras casas, especialmente ahora en Navidad, y en la mesa de los millones de turistas que nos visitan. Por eso es tan positivo el proyecto “Crecer Juntos”, que ha puesto en marcha la Consejería de Agricultura conjuntamente con la de Turismo y que ya está empezando a dar resultados.

Involucrar a toda la sociedad, a los niños y a los jóvenes es una tarea importante, que debemos lograr también. No se quiere lo que no se conoce, y por tanto las campañas de difusión y las actividades complementarias, como el arrastre de ganado, son también el camino.

Sin olvidar el fomento de la investigación, para que sepamos las bondades de estos productos, en muchos casos como el cochino negro, una exquisitez que ha sufrido durante años el mito de la grasa excesiva, que ahora sabemos que es beneficiosa.

El camino de las razas que no tienen aprovechamiento ganadero es la difusión y el cariño, las razas de perros, las de gallinas, los burros majoreros o el camello canario, no tienen otra vía para mantenerse que la implicación de todas las Administraciones y de todos los canarios o canarias para asumir que esta herencia que hemos recibido tenemos que cuidarla.

 

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