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Opinión. Redes y machismo

Guadalupe González Taño.- Esta semana he sufrido una campaña personal en Twitter bajo el hashtag  #GraciasGuada por unas declaraciones que no hice, y que evidentemente se tergiversaron, en la rueda de prensa posterior al Comité Permanente de Coalición Canaria.

Algunas personas, también miembros de otros partidos políticos, han utilizado esas supuestas declaraciones para bajo ese hashtag ridiculizarme de manera directa, demostrando el machismo recalcitrante que tan vivo y activo está en redes; aunque sus tuits fueron eliminados tras hacerme eco en mi cuenta personal.

Las mujeres que nos dedicamos a la política estamos acostumbradas a comportamientos machistas, también en las instituciones públicas. Sin ir más lejos, en el Parlamento de Canarias, cuando un portavoz no consigue imponer su criterio sobre el mío intenta ganar el debate haciendo referencia “al  insuficiente coeficiente intelectual para ser diputada”.

Y es machismo porque, cuando a las mujeres en política se nos ataca o se nos infravalora desde el punto de vista intelectual, se utilizan argumentos que hacen más referencia a las características físicas o de imagen que a la capacidad real.

Lo que molesta, y es del todo intolerable para cualquier mujer, es que se descalifique de manera personal constantemente. En mi caso se hace con la comparación con un personaje de la película Nemo, el pez Dori, que tiene poca capacidad de memoria.

Campañas como éstas, de mayor o menor calibre, las han sufrido, las están sufriendo, muchas mujeres, servidoras públicas. Como ejemplo, Ana Oramas, que con bastante frecuencia recibe mensajes negativos, insultantes y que en algunos casos rayan la amenaza. Simplemente por  hacer las cosas bien, por destacar y porque no encuentran otra manera de criticar. En esta semana conocíamos otro caso bastante más grave como es el de Inés Arrimadas, a la que en Twitter se instigó a que sufriera una violación en grupo.

Independientemente del nivel de insulto o del nivel de descalificación,  compararme con un personaje de dibujos animados, aparentemente no muy inteligente; o decirle a Ani Oramas que se vaya a su casa, atacándola por sus características personales; o atacar a Inés Arrimadas … no son más que ejemplos del machismo recalcitrante que ha encontrado en las redes sociales un nuevo refugio, en muchos casos bajo el anonimato.

Es triste que se hayan frenado, o retrocedido, los avances sociales que han permitido que a las mujeres se nos respete como personas y profesionales y se nos critique en la misma medida y en la misma forma que se critica a un  hombre.

Más triste es aún, que haya  muchas mujeres, y también mujeres políticas, que contribuyen al desprestigio promoviendo  este tipo de campañas, contribuyendo a que el machismo siga imperando en muchos ámbitos de nuestra vida

Suelo negar este tipo de actuaciones en mi trabajo en la política, porque evidencia el fracaso de una sociedad y obliga a reconocer que todavía queda mucho por hacer. Pero debemos estar alerta y seguir actuando, en este caso con estas palabras, para desterrar estos comportamientos. Especialmente para que todas aquellas que  vengan detrás de nosotras sean respetadas como  profesionales, como mujeres, independientemente de su aspecto físico.

 

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