Cristina Valido

Opinión. Mejor construir que reconstruir 

Cristina Valido.-

Prefijo muy productivo en la actualidad que indica volver atrás, repetir, hacer de nuevo. De un tiempo a esta parte parece que todo es reconstruir, refundar, reinventar, reactivar y hasta algunos tratan de reescribir la historia modificando interesadamente hechos indiscutibles.

Quizá sea este uno de los primeros problemas para recuperarnos de una crisis que ha destruido muchas cosas y que nos obliga a construir, mejor que reconstruir. Aprovechemos para hacer nuevo y no de nuevo, tratemos de dar espacio a la innovación y el desarrollo para que puedan encontrar lugar en una sociedad nostálgica que prefiere malo conocido y añora una normalidad en la que tantas cosas había que corregir y hasta que eliminar.

El miedo a lo desconocido y la escasa habilidad humana para navegar en la incertidumbre nos conducen en ocasiones a perpetuar modelos agotados, a preferir lo que se maneja y atarnos a la costumbre. Cualquier cambio inesperado nos sumerge en una crisis existencial en la que deseamos volver lo antes posible a la vieja normalidad.

Hará falta valentía y consciencia del cambio de realidad ya presente para construir, pensar, fundar e inventar caminos nuevos a la supervivencia en un mundo que poco se parecerá al que ya hemos abandonado, un mundo que nos ha puesto cara a cara con la enfermedad para entender que aquello de «la salud es lo primero» es nuestra única certeza.

Los retos han cambiado y lo hicieron incluso antes de que el virus nos encerrara en casa para evidenciar nuestra fragilidad. Las migraciones, las tecnologías, el reto demográfico, el cambio climático, serán políticas públicas prioritarias y generadoras de empleo en las que hay mucho por inventar.

Ni el trabajo ni las relaciones humanas volverán a ser como las conocimos.

Los mercados, la productividad y la competencia decidirán el crecimiento económico en los territorios y solo la especialización y la formación continua de los recursos humanos nos ofrecerán oportunidades de crecimiento económico y social.

El paternalismo y el populismo solo nos restarán fuerza en la aldea global en la que ya estamos anclados, pero la mayor dificultad será conducir con equilibro las dos velocidades de una sociedad que camina hacia la mayor autonomía posible de sus miembros, con la protección y la solidaridad necesaria para responder a los más vulnerables.

Puestos a enamorarnos del «re», antes de reconstruir nada, vamos a revisar y repasar los errores cometidos, vamos a retocar las normas algunas hechas hace siglos, vamos a recuperar los afectos, a rehabilitar el entorno y restaurar el respeto.

Vamos a recapacitar y a reorientar nuestros desvelos y esfuerzos a lo que de verdad importa en esta etapa, recuperarnos con inteligencia para formar parte de una sociedad capaz de enfrentar el futuro que ya está aquí.

Entonces podremos celebrar la remontada que siempre es posible, y saldremos reforzados para cualquier nuevo susto que este virus maldito u otro nos quiera dar.

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