Narvay Quintero

Opinión. El producto local frente a una crisis global

Narvay Quintero.-

Vivimos un episodio sin precedentes por la vertiginosa expansión de un virus que ha vuelto a poner sobre la mesa, con más dureza que nunca, lo extremadamente frágiles que somos ante una pandemia que, una vez que remita, nos obligará a todos a reflexionar sobre nuestro futuro, especialmente en un territorio alejado y fragmentado como Canarias.

La contención del coronavirus y la atención a las personas afectadas es la principal prioridad de todos los Gobiernos. Sin embargo, la limitación de los desplazamientos, el cierre de fronteras y la cancelación de miles de vuelos y líneas marítimas nos va a llevar a volver la vista sobre nuestro propio territorio para descubrir que la respuesta a una crisis mundial se encuentra en el trabajo que, con mucho esfuerzo, realizan cada día miles de hombres y mujeres en el campo y el mar canario.

Siempre han estado ahí y, pese a las adversidades que han tenido que superar, son y serán la mejor garantía siempre. Esta situación que ahora vivimos con profundo desasosiego nos muestra la importancia de los productos de proximidad. Muchas cosas que dábamos por sentadas ahora son inciertas. Algunas quizá no vuelvan. Y frente a tantas adversidades nos encontramos ante la oportunidad de cambiar nuestras costumbres y hábitos alimenticios e introducir lo mejor de nuestra tierra.

Esta crisis es una ocasión única para descubrir que muchos de los desafíos globales pasan por soluciones locales. Y como en toda crisis, cabe esperar que aprendamos algunas lecciones que nos sirvan para estar mejor preparados para la siguiente. Y una de esas lecciones, que no hemos sido capaces de asumir pese a las crecientes advertencias del cambio climático, es apoyar a la agricultura, ganadería y pesca como parte del compromiso con el futuro de nuestra tierra.

Espero que la expansión del coronavirus se contenga cuanto antes, con el apoyo de los héroes de esta pandemia, nuestros sanitarios, y confío también en que seamos capaces de concienciarnos sobre la importancia de nuestro sector primario no solo para ser autosuficientes sino también para la recuperación de nuestro paisaje. Es el mejor antídoto contra los incendios forestales y la mejor garantía para superar los episodios de aislamiento que ya creíamos que formaban parte del pasado.

Ellas y ellos son los guardianes de nuestro paisaje, pero son también los hombres y mujeres que, si se lo permitimos, nos ofrecerán la mejor alimentación del futuro. Hombres y mujeres que han aparcado sus reivindicaciones por el coronavirus, pero que pronto volverán a reclamar justicia. De momento, de manera callada, continúan trabajando para seguir alimentando a nuestra sociedad, pero no podemos dar por hecho que siempre estarán ahí. Nada es para siempre. Y su supervivencia pende de un hilo.

 

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